Me levanté tras aquella siesta. La pantalla del teléfono móvil, antipática por costumbre, confirmó mis sospechas. No me habian llamado de OT, ni de Allá Tú. Ni siquiera una última intentona desesperada llamando a Saber y Ganar había dado su fruto. Esa semana tampoco iba a salir en televisión. Respiré tranquilo asumiendo la realidad pero no me tranquilicé. La encendí y la miré. ¡Traidora!. En ese mismo momento lo decidí. La venganza se llevaría acabo a través de su mayor enemigo. Y aquí estoy, despechada. Usando un ordenador para vengarme de ti. Te arrepentirás, sucia tele. Pero mañana empiezo que ahora empieza mi programa favorito.
